¡Hola!
Aquí os dejo mi presentación sobre la evolución de las competencias en el sistema educativo español.
Un saludo.
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sábado, 21 de diciembre de 2019
miércoles, 11 de diciembre de 2019
Comentario Tema 4
En el tema 4 “Los
niveles de referencia de aprendizaje de lenguas y el desarrollo de competencias”
hemos hecho un recorrido por las distintas competencias que una persona
debe desarrollar y poner en práctica durante el proceso de aprendizaje de una
lengua. Dentro de ellas, debemos distinguir entre las competencias generales,
no relacionadas directamente con el uso de la lengua pero que sin duda pueden
resultar de utilidad, y las competencias comunicativas, sin las cuales no
podemos producir textos adecuados a las situaciones en las que nos encontramos.
Ambos tipos de competencias están vinculados con el enfoque orientado a la
acción que adopta el MCER, el cual las describe con amplitud en los puntos
2.1.1. y 2.1.2. Dentro de estas últimas competencias se encuentran el componente sociolingüístico, y en él me
gustaría centrar este comentario, ya que, en mi opinión se trata de manera
descuidada y superficial, casi a modo de anécdota en el proceso
enseñanza-aprendizaje de las lenguas extranjeras, y acaba por no recibir la importancia
que merece por parte del profesorado y el alumnado.
Normalmente la enseñanza de los idiomas se centra fundamentalmente
en desarrollar la competencia lingüística del alumnado. Como es obvio, esta es
una competencia sin la cual no podríamos construir un mensaje de manera acertada,
ya que para ello es necesario conocer las normas de la lengua en cuestión con
el fin de que los textos que produzcamos sean gramaticalmente adecuados. Pero,
¿qué pasa si el texto es lingüísticamente correcto pero aun así inapropiado por
el contexto en el que se emite? Tomando una vez más al MECR y su enfoque centrado
en la acción como punto de partida, sabemos que quienes hacen uso de una lengua
son considerados agentes sociales. Esto es lo mismo que decir que, como parte
de una sociedad, interactuamos con otros
miembros de la misma a través del lenguaje y que necesitamos entender el
contexto social en el que nos encontramos para lograr producir un mensaje
adecuado a la situación. Así pues, es importante que tengamos en cuenta, además
de la gramática, el vocabulario y la pronunciación, aspectos como el registro,
las normas culturales, las convenciones sociales, etc. durante los actos de
habla.
En mi experiencia, la falta de atención a estos factores
puede provocar que la comunicación se vea entorpecida, e incluso que no logremos
integrarnos socialmente. Todos sabemos que para formar parte activa de la
sociedad debemos amoldarnos a las situaciones que se nos presentan, adecuar
nuestro registro a la situación comunicativa y hacer uso de estrategias de
adaptación apropiadas. Cuando esto no sucede se produce un fallo en la
comunicación que puede dejar en desventaja a quien no conoce ciertos factores a
tener en cuenta como, por ejemplo, las normas sociales o el registro lingüístico. Pongamos en el
caso de un contexto laboral en el cual debemos dirigirnos a un cliente
enfadado, en español seguramente le trataríamos con el vocativo de cortesía,
respeto o distanciamiento “usted”. Pero, ¿qué pasaría si en inglés decidiésemos
utilizar su equivalente en inglés “sir”? Pues que, dependiendo del tono de voz
y entonación que utilicemos, es posible que nuestro cliente se calme y se
sienta apreciado, o que se ofenda y acabe enfadándose más, y eso si es que no
nos encontramos en el sureste de los Estados Unidos de América, donde su uso
tiene otra serie de connotaciones. Otro
ejemplo clásico es el archiconocido uso y abuso de palabras como “sorry”, “please” and “thank you” que,
aunque utilizadas de manera repetitiva hasta la saciedad, en cualquier tipo de
contexto y aparentemente de forma aleatoria, son necesarias para no quedar como
un maleducado. Hay muchas
situaciones del día a día en las que el uso de la expresión correcta o incorrecta
podrá hacer que nos sintamos más o menos bienvenidos y aceptados en entorno
social que nos rodea. Para lograr esta integración debemos modificar nuestro
discurso a través de estrategias que nos permitan adaptarnos al contexto comunicativo en el que nos
encontramos.
Así
que mi pregunta es ¿hasta qué punto podemos considerar que nos comunicamos bien
en un idioma si solo tenemos en cuenta la gramática y el vocabulario del mismo?
En mi opinión y experiencia, cuando un hablante es capaz de conectar con el
grupo social con el que se relaciona sabiendo reconocer y utilizar los factores
sociolingüísticos adecuados, como son los cambios de registro, las expresiones
idiomáticas y coloquiales, sus posibilidades de transmitir mensajes de forma efectiva
son más altas que si se limita a un uso académicamente correcto del idioma.
Para
concluir, creo que sin duda uno de los motivos por los que la competencia
sociolingüística es tan difícil de alcanzar es el método de memorización con el
que estamos acostumbrados a estudiar un idioma en el sistema educativo español.
Si cambiásemos esto y fomentásemos el
uso de la literatura, el cine y la televisión como parte de la metodología didáctica,
para poner en contacto al alumnado con situaciones de la vida real, así como el
uso del idioma en el aula en situaciones prácticas del día a día, lograríamos
que los aspectos socioculturales se integrasen en el proceso de aprendizaje de
la lengua y estaríamos en el buen camino hacia la inmersión lingüística.
Comentario Tema 3
Durante el desarrollo del Tema 3 “La
enseñanza-aprendizaje y certificación de lenguas extranjeras por las
instituciones internacionales” realizamos una actividad grupal de rompecabezas,
en la que cada uno de los cinco grupos debía primero reunir información sobre
distintos aspectos relacionados con una de las instituciones propuestas por la
docente (ALTE, CERCLES,
ACLES, EAQUALS y ETS), y luego exponer los datos recabados ante miembros
de otros grupos. En el transcurso de esta tarea quedó patente que casi todo el
alumnado ignoraba la existencia de la mayoría de las instituciones objeto de
investigación, cuando no de todas. En este comentario me gustaría reflexionar
sobre la naturaleza y la utilidad de estas organizaciones, así como sobre la necesidad creciente de obtener una de las certificaciones que ofrecen.
La aparición de la mayoría de estas instituciones se produjo en las últimas
décadas del siglo XX y se vio motivada por principios que, de manera general,
coinciden con los que también encontramos en el MCER. Entre ellos destaca la
búsqueda de una cooperación entre instituciones educativas a nivel
internacional, gracias a la cual estas reciban apoyo de manera cohesionada e
igualitaria, en busca de objetivos comunes. Otro motivo es el de fomentar un
sistema de evaluación que sea neutral y conciso, en el que la comunidad educativa
pueda encontrar soporte.
Según un estudio realizado por Adecco en 2016, un tercio de las ofertas laborales solicitan el dominio
de un segundo idioma, siendo el inglés el más demandado. Así pues, parece claro
que la utilidad de las certificaciones en lenguas extranjeras radica,
principalmente, en mejorar nuestras posibilidades a optar a un puesto de
trabajo. Esto estaría en consonancia con los objetivos propuestos por el MCER,
en el cual se resalta la importancia de alcanzar el plurilingüismo como
herramienta de unificación y entendimiento en toda Europa. Aunque en principio
es obvio que para ciertos puestos de trabajo es de obligada necesidad
certificar nuestro nivel lingüístico, me pregunto si realmente es
imprescindible para tantos tipos de trabajo como parecen demandarlo hoy en día,
o simplemente se trata de un filtro al que recurrir para descartar a posibles demandantes
de empleo. Pero dejadme que me explique, ¿cómo es posible que se dé más valor a
la certificación en la lengua inglesa que tiene un candidato al mismo puesto en
Madrid que en Dublín? Raro, ¿no? En mi experiencia, esto no es una exageración.
Durante mi etapa en Irlanda, cuando optaba a cualquier puesto de trabajo, jamás
necesité mostrar certificado de inglés alguno, una simple entrevista dejaba
claro cuál era mi competencia comunicativa. Sin embargo, en España sí que me lo
han solicitado, a pesar de mi amplia trayectoria laboral y académica en un país
de habla inglesa. Sin embargo, y a pesar de reconocer la necesidad de mejorar
nuestra competencia lingüística para lograr la ansiada movilidad geográfica,
laboral y social, no puedo dejar de sorprenderme ante la gran cantidad de instituciones que han aflorado en los
últimos años y cuya función es básicamente la misma. Aún más sorprendente, y
ciertamente sospechoso, me parece el hecho de que algunas de estas certificaciones
tengan fecha de caducidad, como es el caso de IELTS y TOEFL, ambos
válidos por dos años. ¿Cómo se justifica que una vez alcanzado cierto nivel de competencia
en un idioma sea necesario volver a certificarlo en un espacio de tiempo tan
corto? ¿Responde esto a un puro afán lucrativo o realmente nuestras
competencias lingüísticas son tan efímeras? En general, se tiende a justificar la validez temporal de estos
certificados en la posibilidad de que, al no ser utilizado, el idioma se acabe
atrofiando y el hablante pierda fluidez al emplearlo. Realmente no logro
entender la lógica detrás de esta teoría ya que, si bien es cierto que los
idiomas han de ser puestos en práctica para su mejor dominio y conservación,
esto está muy lejos de demostrar que en el corto período de tan solo dos años
un usuario pierda una competencia lingüística ya certificada.
Mi única experiencia en el
terreno de las certificaciones de idiomas es con el Centro Universitario de
Idiomas a Distancia (CUID), a través
de cual obtuve el nivel de inglés C1. La verdad es que esta experiencia
educativa fue un poco decepcionante, en el sentido de que la mayoría de las actividades
programadas no se correspondían, en mi opinión, con el nivel impartido. Aun
así, el método semipresencial utilizado es de gran utilidad para aquellos que
no disponen de tiempo para ir a todas las sesiones programadas. Como todos los
estudios a distancia, este método educativo requiere un gran compromiso y
autonomía por parte del alumnado, por eso no resulta apropiado para todo el
mundo. Una de las grandes desventajas que presenta obtener este certificado a
través del CUID es que, al tratarse de
títulos
propios de la Universidad Española a Distancia (UNED), en términos de homologación solo tienen
reconocimiento dentro de estudios reglados de la misma universidad. Ya que
realicé el Grado en Estudios Ingleses precisamente en esa universidad,
finalmente obtuve alguna ventaja, ya que gracias a mi C1 pude convalidar seis
asignaturas de la carrera.
En resumen, la idea original
que impulsó la aparición de estos organismos me parece, en teoría, práctica,
loable e inspiradora, y quizás su funcionamiento y su motivación lo siga siendo.
Pero cuando una se da cuenta de los altos precios de los exámenes, del hecho de
que la mayoría de las certificaciones tienen una fecha de caducidad irrazonable
y de que son utilizadas en el mundo laboral como filtro discriminatorio, una no
puede más que preguntarse ¿friend or foe?
Comentario Tema 2
El MCER, ESE GRAN DESCONOCIDO.
Comienzo este comentario encuadrado en el Tema 2 “El Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas.
Objetivos, métodos y prioridades de la política lingüística europea”
reconociendo mis escasos conocimientos hasta el momento en cuanto al concepto global
del MCER, ya que hasta ahora tan
solo tenía conciencia de los niveles lingüísticos que lo conforman y cómo estos
sirven de referencia a la hora de estructurar y homologar de manera oficial el
aprendizaje de lenguas. Tomando esto como punto de partida, a continuación mi reflexión se centrará en la motivación y
los objetivos que impulsaron el nacimiento de este proyecto de política
lingüística, desarrollado por el Consejo de Europa y presentado en 2001 durante la celebración
del Año Europeo de las Lenguas, así como de su utilidad y puesta en práctica en
las aulas de educación secundaria.
¿Para qué se creó entonces el MCER? Como ya sabemos, la tendencia general
en el mundo globalizado de hoy en día es querer alcanzar un nivel de plurilingüismo
que contribuya a una mejor movilidad geográfica y laboral, esta aspiración coincide
además con uno de los principios fundamentales descritos en la última ley educativa
promulgada en España, la LOMCE. Con esta finalidad en mente y en lo que
respecta a los motivos que impulsaron la puesta en marcha del MCER, podría
decirse que el proyecto nació con un objetivo fundamental: lograr que en la
Torre de Babel que es Europa, y a través de las distintas lenguas que se utilizan a lo largo su geografía, exista
un entendimiento e unificación cultural y social entre sus habitantes. Para llevar
a cabo esta idea, se solicitó la ayuda de distintos especialistas en
lingüística aplicada, que durante años estudiaron y diseñaron las escalas en
las que hoy se basan los distintos niveles de comprensión y expresión oral y
escrita que podemos alcanzar en una determinada lengua.
En su conjunto, lejos
de ser un documento puramente burocrático, el MCER aspira a ser una guía que, a
través de un enfoque centrado en la acción, pretende huir del dogmatismo y la
imposición de sus puntos de vista. Así, su función primordial es proponer métodos de aprendizaje y
enseñanza que ayuden a profesores y al alumnado a lograr el desarrollo de las competencias
lingüísticas establecidas para cada nivel. Para el logro de sus objetivos, el
MCER considera imprescindible que toda la comunidad educativa colabore de
manera cohesionada y en busca de una meta común. Con este propósito en mente, se
han elaborado una serie de descriptores en los que, a modo de rúbrica, se basan
los exámenes y evaluaciones de las distintas lenguas que se llevan a cabo.
Gracias a ellos se facilita la comparación entre las distintas certificaciones
a las que podemos optar, asegurando de este modo el logro de una
estandarización y homologación del proceso enseñanza-aprendizaje en todo el
territorio europeo, evitando además caer en posibles desigualdades cualitativas
o incoherencias entre los resultados alcanzados.
En cuanto a su incorporación y seguimiento dentro del sistema educativo
español, creo que cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿qué presencia tiene el
MCER en nuestras aulas para ayudarnos a conseguir el nivel del plurilingüismo
al que aspira la LOMCE? En mi opinión, la respuesta es muy poca o ninguna. Esto
se debe, desde mi punto de vista, a que los descriptores ya mencionados no son
utilizados de manera natural y dinámica a lo largo del proceso de enseñanza-aprendizaje
durante la educación obligatoria. Es más, la realidad atestigua que la norma es
el fracaso en cuanto a la consecución de la mayoría de los objetivos que marcan
los descriptores y que, de ser alcanzados los niveles establecidos en el currículo,
suelen tratarse más de casos aislados que de la regla general. Otra cuestión
que me resulta, cuando menos, desconcertante es que, tratándose la LOMCE de una
ley educativa que se propone como objetivo fundamental el lograr que el
alumnado finalice la educación obligatoria con un nivel de plurilingüismo
óptimo, no se inste a los centros educativos a fomentar la realización de las
pruebas de nivel al que se supone que los alumnos han llegado. En mi
experiencia, tan solo ciertos colegios
se interesan en informar a su alumnado con respecto a estos exámenes. Así, aun
cuando el nivel alcanzado es el esperado dentro de lo que el currículo
establece, es el propio discente quien tiene que recabar la información
necesaria si desea realizar la prueba, de modo que, en general, esta decisión acaba
posponiéndose durante tanto tiempo que muy pocas veces llega a hacerse. Sin
embargo, creo que si fuesen motivados por el profesorado la gran mayoría
aprovecharían para llevarla a cabo, y esta podría ser una manera de fomentar el
continuar con el estudio de idiomas desde un punto de vista práctico, atendiendo
a lo que el espíritu del MCER promueve, por no hablar del indudable valor que este conocimiento
tendría de cara a su futuro.
En definitiva, creo que el MCER es una herramienta válida y de gran alcance
que, lamentablemente de momento, se utiliza en el ámbito de la educación
obligatoria muy por debajo de las posibilidades que ofrece. Si realmente fuese
aprovechada de manera útil, quizás estaríamos un paso más cerca del tan ansiado
plurilingüismo que exigimos a nuestros jóvenes.
viernes, 6 de diciembre de 2019
Comentario Tema 1
El tema 1 “La enseñanza de lenguas
en el presente modelo educativo, nacional y autonómico” nos sirvió para
hacer una revisión de la enseñanza de las lenguas extranjeras en España ha
evolucionado desde principios del siglo XX hasta el presente. El siguiente
comentario se encuentra encuadrado dentro de dicho tema, y en él me gustaría hacer
referencia a dos aspectos que a lo largo de este proceso, a mi parecer,
presentan ciertos paralelismos: el irregular y lento crecimiento de la importancia
de las lenguas extranjeras en nuestro sistema educativo y el acceso de la mujer
al mismo.
Este repaso se inicia en 1900 con la Reforma del plan de estudios de la segunda enseñanza, también conocida como bachillerato, en la que se establece
la urgente necesidad de fomentar el estudio de las lenguas vivas para lograr
salir del ostracismo político y cultural en que se veía anclado el país. En su
prólogo se establece además como objetivos principales de este estudio la
lectura, la traducción y la redacción corrientes, así como el uso progresivo y
constante de la lengua meta objeto de estudio, con el fin alcanzar dichos
objetivos. Este enfoque práctico representa una novedad en un panorama hasta
entonces reacio a prestar atención unas lenguas cuyo estudio era considerado
abiertamente inferior a las lenguas clásicas. La educación en las tres primeras
décadas del siglo pasado se convirtió en un ir y venir de propuestas legislativas
más o menos exitosas, que no llegarían a prosperar debidamente y que finalmente
se verían paralizadas y anuladas en 1936 con el estallido de la Guerra Civil
española. Hasta ese momento, y gracias al impulso proporcionado por la
ideología de la República, la enseñanza
de las lenguas vivas se encontraba casi integrada dentro de las corrientes
pedagógicas más modernas internacionalmente, y cuyos objetivos eran de carácter
práctico, cultural, formativo, con los que se pretendía fomentar la comprensión
entre los pueblos. A partir de la derrota republicana en la guerra, cualquier
avance conseguido fue aplastado por el franquismo que implantó su retrógrada visión
sobre la función social de la educación.
Otro aspecto en el que nuestro sistema educativo se vio particularmente afectado
a principios del siglo pasado fue el acceso de las mujeres al sistema educativo
de segunda enseñanza. Al comienzo de este período, la posibilidad de cursar
estudios de bachillerato era doblemente elitista en cuanto a la clase social y
al género ya que se ofrecía tan solo a un reducido número de hombres de la
clase social acomodada y del medio urbano. Las mujeres que quisiesen optar a
cursarlo, según una Real orden de 11 de junio de 1888, debían hacerlo de manera
no oficial, es decir, en casa o de forma privada, o también podían pedir que su
petición fuese consultada con la Superioridad, hasta que en 1910 se alcanzó un gran logro al ser por fin
admitida su matrícula oficial. Poco a poco, la mujer iba ganando terreno en el
ansiado ámbito educativo. Sin embargo, una vez más, la guerra civil y la
dictadura de Franco trastocaron los avances alcanzados hacia la igualdad en el terreno
de la educación, relegando a las mujeres al entorno doméstico en el que debía
desempeñar sus principales funciones de esposa y madre.
El período de la dictadura franquista se caracterizó en sus primeros años
por un control férreo del contacto que la ciudadanía tenía con el extranjero,
lo cual, en mi opinión, coincide con el poco empeño con el que se abordaba la
educación en lenguas extranjeras y el gran retroceso de la mujer en cuanto a
sus opciones educativas. Esta actitud controladora e intervencionista del régimen franquista truncó durante este período cualquier posibilidad de progreso para
España. No fue hasta finales de la década de los cincuenta cuando la situación sufrió
una leve mejoría ya que la enseñanza deja de considerarse como un gasto
incómodo para concebirse desde una perspectiva de inversión. Paralelo a esto, se
produjo una cierta apertura de las fronteras que sentó las bases a un creciente
florecimiento del turismo y del comercio internacional que, en consecuencia, aumentó
la demanda de personal con conocimientos
en lenguas extranjeras, especialmente inglés, para llevar a cabo sus negocios.
Es gracias a esta mejora en las relaciones de España con otros países que la
mujer se incorpora tímidamente al espacio laboral en posiciones, generalmente,
de secretaria, para lo cual necesitaba una formación profesional que incluyese
el dominio de alguna lengua extranjera, destacando el inglés, que comenzaba a
afianzar su posición como lengua franca en el mundo comercial. De nuevo se
puede apreciar una evolución conjunto de la necesidad de educar al alumnado,
incluyendo poco a poco a las mujeres, en lenguas extranjeras.
Llegado el año 1970 es cuando se comienza realmente a integrar en la
educación a la mujer en niveles de igualdad gracias a la Ley General de Educación, que establece el carácter obligatorio de la educación sin distinción
de género e incluye además en el currículo la materia de lengua extranjera, con
el inglés en primera posición. Como ya sabemos, desde entonces los niveles de
educación en lo que respecta a las mujeres han mejorado notablemente, llegando estas a ser mayoría en las aulas. De manera paralela, el interés por
mejorar nuestro conocimiento de idiomas a través del sistema educativo ha
aumentado sensiblemente. Sin embargo, en realidad, seguimos sin obtener los
resultados esperados. Por un lado, nunca antes las mujeres habían accedido de
manera tan amplia y mayoritaria, sin diferencia de clases sociales, a una
educación universitaria o de formación profesional, aun así sabemos que en la
práctica siguen sin tener acceso a las mismas oportunidades de promoción o desueldo que los hombres, exclusivamente por su condición de mujer. Así mismo, a
pesar de que las últimas leyes educativas han hecho hincapié en que el alumnado
acabe la educación obligatoria con el dominio de, al menos, una lengua
extranjera, todos sabemos que nuestros jóvenes se desenvuelven al finalizar sus
estudios con una fluidez realmente deficiente, cuando no inexistente.
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